
Dos años atrás, Vélez y Huracán jugaban la última fecha del campeonato para definir quién se quedaba con el título, que finalmente fue para los de Liniers aunque tranquilamente podría haber sido para el Globo. Dos años después, Vélez vuelve a consagrarse y Huracán está penando para evitar el descenso. El equipo que llegó hasta la fecha 18 dando pelea fue Lanús, a esta altura uno de los clubes más sólidos del país. Está claro que la estabilidad institucional determina el buen andar futbolístico de un equipo. La tranquilidad para trabajar, la continuidad de los técnicos y los jugadores son fundamentales para hacer buenas campañas y lo que es más importantes, para repetirlas.
Desde hace mucho tiempo, el fútbol argentino se mueve entre el caos y la improvisación. Las palabras proyecto y planificación brillan por su ausencia y los clubes van de crisis en crisis. En ese contexto, hay dos instituciones que rompen la regla y se destacan por la seriedad y el trabajo a largo plazo: el puntero Vélez y el escolta Lanús.
El concepto va más allá del lugar que estos equipos ocupan en la tabla de posiciones; no apunta a un resultado momentáneo sino a un proceso elaborado. El hecho de que Vélez y Lanús estén en los primeros puestos es una circunstancia pero no es obra de la casualidad sino producto de una política institucional que, en ambos casos, se ha mantenido a lo largo de más de 15 años.
Tanto Vélez como Lanús tienen las cuentas en orden, poseen planteles sólidos que mezclan experiencia y juventud, jugadores de la casa y refuerzos de categoría, y ostentan dos de las mejores inferiores del fútbol argentino. Además, cuentan con instalaciones de primer nivel. Vélez posee la Villa Olímpica, un predio de lujo ideado por el gran Marcelo Bielsa, y Lanús completó la construcción de su estadio, que hace 15 años tenía dos tribunas de madera y la mitad de la capacidad, y hoy es uno de los más cómodos y seguros del país.Este orden institucional también se observa en la cancha, donde ambos clubes presentan equipos serios y competitivos, independientemente de la cantidad de títulos conseguidos, que no son pocos, sobre todo teniendo en cuenta que no estamos hablando de clubes históricamente grandes ni ganadores. Desde 1993 hasta hoy, Vélez ganó 5 títulos locales, el último fue el Clausura 2005, una Copa Libertadores, una Copa Intercontinental, una Supercopa y una Interamericana. Lanús, que ascendió en 1992, ganó la Copa Conmebol en 1996 y el Apertura 2007, fue 3º en el Apertura 96, 2º en el Clausura 98, 2º en el Clausura 2006 y terminó a dos puntos de la punta en el pasado Apertura 2008 que se definió en un triangular.
Otro equipo que está cerca de esta línea es Estudiantes, que desde el Apertura 2004 viene realizando buenas campañas, con el título del Apertura 2006 y la final de la última Copa Sudamericana, que perdió ante el Inter en tiempo suplementario, como máximos exponentes de su evolución. A eso hay que agregarle campeonato logrado en el pasado Apertura 2010.
Si se hacen las cosas bien, con orden y seriedad, los éxitos, tarde o temprano, llegan. También se pueden lograr títulos en el medio del caos, como lo han hecho Racing, Independiente, Newell’s, San Lorenzo y el mismo River, que hoy es el paradigma del desconcierto. O también hipotecando el club, como Boca, que ganó todo pero ahora deberá ajustar el presupuesto porque tiene las cuentas en rojo. En cambio, en un ámbito de orden y equilibrio, las posibilidades de triunfo crecen notablemente, no se limitan a un golpe de efecto y las probabilidades de repetir son mayores. Vélez y Lanús dan fe de ello. Son dos modelos que si fueran imitados nos permitirían tener clubes ordenados, saneados, sólidos, duraderos. Y a partir de eso, seguramente veríamos un espectáculo futbolístico mucho mejor.
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