domingo, 20 de febrero de 2011

Javier García, del infierno al cielo

En menos de una semana, el fútbol argentino puede llevar a un protagonista de la hoguera al olimpo. El domingo 13 a la noche, todo Boca era lamento y desilusión por la ruidosa derrota por 4 a 1 ante Godoy Cruz. Javier García era el jugador más apuntado ya que un error suyo le posibilitó a Godoy Cruz ponerse en ventaja y así empezar a edificar la goleada. Mucho se habló de García y su responsabilidad en la derrota xeneize. El joven arquero quedó expuesto a los dedos señaladores, a miles de cuestionamientos. Lo único que había hecho era equivocarse y, se sabe, los errores de los arqueros suelen tener consecuencias mucho más terribles que las de un volante o un delantero. Una pelota mal dada por Riquelme o un gol errado por Palermo no son tan señalados como una pelota perdida por García. Además, se trata de Boca y eso magnifica el asunto. En otras épocas no muy lejanas lo sufrió hasta el idolatrado Pato Abbondanzieri.

Seis días después de su tarde negra, García tuvo redención en Avellaneda. Con un par de atajadas superlativas, mucha seguridad para descolgar los centros y hasta con el pase-asistencia para el gol del triunfo, el arquero sepultó aquel centro que se le escapó ante los mendocinos y volvió a ser un joven con una gran proyección, con cita para entrenarse con la selección local.

El fútbol es un juego, donde los errores son parte del mismo. Pasa en el fútbol y pasa en todos los deportes y en todos los juegos. Es imposible no equivocarse nunca aunque está claro que cuanto menores sean las fallas, mejor. Eso es tan natural como la victoria y la derrota. No se puede ganar siempre. De hecho es al revés, las caídas suelen ser más frecuentes que las grandes gestas. Así es el fútbol, así es el deporte. El problema es la exageración, la dramatización y la histeria con que se vive, donde lo único que importa es ganar y donde la intolerancia para descalificar está a la orden día. Al fin de cuentas, nada es tan importante en el mundo de la pelota como para sufrir tanto. Todos los domingos, todos los años, hay revancha. Sino, pregúntenle a García.