lunes, 27 de diciembre de 2010

Estudiantes demostró que en el fútbol todo es posible

El 2010 cobijó la consagración de España como campeón del mundo a través de una línea de juego pulcra, plena de estética y buen trato de balón, con mucha pausa y elaboración, algo poco frecuente de un tiempo a esta parte. El 2010 también nos deparó demostraciones impresionantes de fútbol del Barcelona, equipo que justamente aporta muchos futbolistas a la selección española. El 5 a 0 frente al Madrid fue la máxima expresión de un equipo brillante, que demuele a los rivales y ofrece un espectáculo futbolístico de lujo. Lejos de esos niveles de buen juego y también lejos de ese estilo, Estudiantes, que hace un año estuvo a dos minutos de vencer al Barcelona, se reinventó después de desarmarse y salió campeón a pura solidez y contundencia, con más esfuerzo que juego, que con tanta legitimidad que nadie se anima a discutir el título, a pesar de que Vélez hizo un gran torneo, con rendimientos individuales y colectivos de más relieve que los del equipo de La Plata. Sin embargo, la regularidad del Pincha pudo más y terminó consagrándose, derribando algunos mitos tácticos que suelen darse como máximas a pesar de que los hechos siguen demostrando lo contrario.

Un gran sector del periodismo y algunos técnicos fundamentalistas no terminan de entender que las variantes tácticas existen y pueden ser muy útiles a la hora de conformar un equipo. Ese sector se resiste a reconocer a la línea de tres defensores como una posibilidad. La denostan de diferentes maneras: que no sirve, que en realidad no son tres, sino cinco, porque los dos laterales volantes se acoplan al fondo, que a los jugadores no les gusta, que los técnicos que hacen eso son tacticistas y desprecian la importancia de los futbolistas. Todo eso y más se dice de la línea de tres. Pues bien, en el fútbol argentino, este año se consagraron dos equipos que jugaron con línea de tres: Argentinos y Estudiantes.

Argentinos lo hizo de la mano de Borghi, un técnico que siempre utilizó el mismo sistema desde que empezó a dirigir, con gran éxito en Colo Colo y con un rotundo traspié en Boca. Estudiantes, en cambio, lo hizo con Sabella, quien ya lleva dos años al frente del equipo, que sufrió cambios de nombres y de esquemas. Para este campeonato, el Pincha perdió a Boselli, José Sosa, Cellay, Angeleri y Clemente Rodríguez. Hasta el torneo anterior, Estudiantes jugaba con un 4-4-2 bien marcado, mientras que para este campeonato cambió por 3-4-2-1. No sólo estableció una defensa con tres defensores sino que además eligió como único punta a Gastón Fernández, más adiestrado a las lides de la elaboración que a la jungla del área. Sin embargo, el ex River explotó muy bien su movilidad, su intuición y su calidad para definir, para así convertirse en una pieza clave del equipo. Enzo Pérez se encargó de acompañarlo de cerca con muy buenas actuaciones.

En cuanto a la defensa, Estudiantes no sólo jugó con tres en el fondo sino que además los dos jugadores que recorrieron los laterales fueron Gabriel Mercado y Marcos Rojo, dos futbolistas cuyo origen es la saga central. Entonces, Estudiantes con cinco marcadores centrales. Tanto Mercado como Rojo desempeñaron muy bien sus funciones, con criterio para proyectarse e incluso marcar goles. Mercado convirtió cuatro, varios de pelota parada, y Rojo, dos, uno de ellos fue un golazo contra Boca que valió tres puntos.

Lo único que mantuvo intacto el equipo platense fue el tándem Braña-Verón en el mediocampo. El resto fue una reinvención absoluta, con muchas variantes tácticas, tanto por esquema como por la posición de varios futbolistas que tuvieron que adaptarse a nuevos puestos. Este Estudiantes demostró que se puede cambiar de esquema y salir airoso; demostró, como antes Argentinos y otros tantos equipos como el Racing del 2001 o el River del 2002, que la línea de tres puede funcionar bien; demostró que los marcadores centrales pueden devenir en prolijos volantes de ida y vuelta, siempre y cuando tengan ductilidad para hacerlo; demostró que no hace falta plagar un equipo de delanteros para ganar. Hizo todo esto no porque lo haya planeado sino porque fue la manera que tuvo de adaptarse a las circunstancias de un plantel que quedó desequilibrado tácticamente debido a las numerosas bajas. Este Estudiantes salió campeón sin marcadores de punta clásicos y sin un nueve de área. Evidentemente, no desarrolló un fútbol de alto vuelo. Sin embargo, es una muestra más de que con organización y entrega, un equipo con carencias técnicas puede transformarse en un conjunto sólido, capaz de salir campeón. Para deleites estéticos, hoy hay que mirar al Barcelona. Estudiantes no es más que transformar en posible lo imposible.