
De perfil bajo, pero de gran eficiencia dentro de la cancha, Jonathan Maidana encontró el punto más destacado de su carrera ayer en la noche del Monumental. De pasado boquense, el hombre surgido de Los Andes marcó la diferencia a favor de River con ese cabezazo de pique al suelo, cabezazo que significó la victoria para un River urgido de victorias, que no ya no puede regalar más puntos.
Los clásicos contra Boca siempre fueron complicados para el millonario. Sin embargo, éste era una prueba con bonus por la situación de River en los promedios, porque hacía siete partidos que no ganaba y porque Angel Cappa había sido despedido luego de la derrota ante All Boys, situación que obligó a Juan José López a hacerse cargo del equipo en forma urgente. Todo River necesitaba una impostergable victoria y esa necesidad desembocó en un festejo eufórico, con más de desahogo que de disfrute puro.
En ese contexto, Maidana, nacido en Adrogué el 29 de julio de 1985, fue uno de los pilares de la victoria. Por un lado por su firmeza y concentración en la marca y por otro por ese gol fundamental. Iban ocho minutos del segundo tiempo cuando llegó el corner desde la derecha ejecutado por Erik Lamela. La pelota viajó veloz, con comba hacia adentro, al primer vértice del área chica. Maidana empezó su carrera en diagonal a la altura del segundo palo, casi en el borde del área grande. Perdió la marca de Matías Caruzzo, se elevó, conectó con el parietal izquierdo, la pelota picó y se metió contra el segundo palo, haciendo estéril el vuelo de Javier García. Explotaba el Monumental, River empezaba a abrazarse a la victoria.
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Maidana festejó el gol, aunque no con mucha efusividad. Lo gritó, pero con mesura. Después del partido diría que por su pasado en Boca, club en el que jugó entre 2005 y 2008, del cuál está muy agradecido, le pareció que tenía que ser respetuoso. Claro que como hoy se debe a River, no dudó en gritarlo. "Boca me dio oportunidades, pero ahora me debo todo a River, así que ahora hay que disfrutar", explicó. En tiempos de demagogia fácil, Maidana fue mesurado y sincero, una actitud que no abunda y muchos protagonistas deberían imitar para hacer un fútbol más pacífico y menos frenético.
Luego de pasar por Los Andes (2001-2005), Boca (2005-2008), Matallist de Ucrania (2008-2010) y Banfield (2010), Maidana llegó a River, donde se ha convertido en uno de los jugadores más importantes. A partir de ayer, además, ya tiene asegurado un lugar en la historia del club y del superclásico como uno de los pocos jugadores que vistieron ambas camisetas y convirtieron goles en el partido más importante del fútbol argentino.
Los clásicos contra Boca siempre fueron complicados para el millonario. Sin embargo, éste era una prueba con bonus por la situación de River en los promedios, porque hacía siete partidos que no ganaba y porque Angel Cappa había sido despedido luego de la derrota ante All Boys, situación que obligó a Juan José López a hacerse cargo del equipo en forma urgente. Todo River necesitaba una impostergable victoria y esa necesidad desembocó en un festejo eufórico, con más de desahogo que de disfrute puro.
En ese contexto, Maidana, nacido en Adrogué el 29 de julio de 1985, fue uno de los pilares de la victoria. Por un lado por su firmeza y concentración en la marca y por otro por ese gol fundamental. Iban ocho minutos del segundo tiempo cuando llegó el corner desde la derecha ejecutado por Erik Lamela. La pelota viajó veloz, con comba hacia adentro, al primer vértice del área chica. Maidana empezó su carrera en diagonal a la altura del segundo palo, casi en el borde del área grande. Perdió la marca de Matías Caruzzo, se elevó, conectó con el parietal izquierdo, la pelota picó y se metió contra el segundo palo, haciendo estéril el vuelo de Javier García. Explotaba el Monumental, River empezaba a abrazarse a la victoria.
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Maidana festejó el gol, aunque no con mucha efusividad. Lo gritó, pero con mesura. Después del partido diría que por su pasado en Boca, club en el que jugó entre 2005 y 2008, del cuál está muy agradecido, le pareció que tenía que ser respetuoso. Claro que como hoy se debe a River, no dudó en gritarlo. "Boca me dio oportunidades, pero ahora me debo todo a River, así que ahora hay que disfrutar", explicó. En tiempos de demagogia fácil, Maidana fue mesurado y sincero, una actitud que no abunda y muchos protagonistas deberían imitar para hacer un fútbol más pacífico y menos frenético.
Luego de pasar por Los Andes (2001-2005), Boca (2005-2008), Matallist de Ucrania (2008-2010) y Banfield (2010), Maidana llegó a River, donde se ha convertido en uno de los jugadores más importantes. A partir de ayer, además, ya tiene asegurado un lugar en la historia del club y del superclásico como uno de los pocos jugadores que vistieron ambas camisetas y convirtieron goles en el partido más importante del fútbol argentino.
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