El sueño terminó
Muchas veces, los trámites de los partidos nada tienen que ver con los resultados finales. Más allá de la incuestionable y clara victoria alemana, el 4 a 0 no refleja para nada como fue el partido, un partido que tuvo tres tramos bien distintos. En los primeros 20 minutos dominó Alemania, luego Argentina se apoderó de la pelota y estuvo cerca del empate y sobre el final los europeos liquidaron el partido. El 4 a 0 sí refleja la contundencia y la practicidad alemana contra la ineficacia y falta de punch de Argentina en los últimos metros de la cancha. El desarrollo del partido, dicho está, insinuaba un desenlace diferente, más ajustado.
Mucho se hablará del planteo de Maradona, de lo impropio del mismo, por esquema y ubicación de jugadores. Se lo hará, como es inevitable, con el resultado puesto y las falencias a la vista. Se dirá que el mediocampo quedó descompensado, que Otamendi tuvo un mal partido y que no jugó en su posición natural; se dirá que el equipo careció de un conductor como podrían haber sido Pastore o Verón; se dirá que ante un rival de más peso, Argentina no estuvo en el mismo nivel que en los partidos anteriores; se dirá eso y un montón de cuestiones más. Lo cierto es que así como jugó Argentina, con cuatro centrales en el fondo, con Mascherano como único recuperador en el medio y tres puntas, tuvo a mal traer a Alemania desde la mitad del primer tiempo hasta la mitad del segundo. Más allá de esquemas, de nombres propios y de dominio de un equipo sobre otro en el desarrollo del juego, los partidos se definen con goles, sin más vuelta que eso. Y los goles llegan por aciertos y errores, que a veces están dados por cuestiones tácticas y estratégicas y también por circunstancias puntuales. Por ejemplo, en el primer gol, Podolski quedó mano a mano con Otamendi sobre la punta derecha de la defensa argentina a los dos minutos de juego, en una situación dada por la disposición táctica de los equipos. El defensor argentino intentó cortar pero no pudo y cometió falta. Vino el centro desde la derecha, Müller la peinó levemente y Romero, agachado, no pudo contener una pelota que esperaba un poco más a su izquierda. Esa jugada de pelota parada, un hecho puntual y circunstancial, inclinó el partido a favor de Alemania. Los europeos pegaron de entrada y eso fue clave.
En lugar de empezar 0 a 0, el partido empezó 1 a 0 para Alemania y todo se hizo cuesta arriba para Argentina. Mérito de los alemanes que salieron con todo y error de los argentinos que tardaron en enchufarse. Con la ventaja, Alemania se paró en la mitad de la cancha para jugar de contra y Argentina no sabía como entrarle. Recién promediando el primer tiempo la albiceleste pudo ejercer mayor dominio de pelota para acercarse al área de Neuer. Entonces sí generó situaciones como para empatar, más allá de que también se desprotegió atrás y Alemania tuvo un par de ocasiones para aumentar, la más clara en los pies de Klose que mandó la pelota por arriba.
Argentina terminó bien el primer tiempo y empezó aún mejor el segundo. Ya con Di María por derecha y Maxi Rodríguez por izquierda, la selección de Maradona salió a jugársela, planteando el partido todavía más arriba. Alemania, por su parte, estaba cada vez más atrás y más parada, sin poder conseguir la pelota, pero aguardando agazapada para lastimar en alguna contra. El partido estaba planteado para el empate de Argentina, que tocaba y buscaba, por un lado y por el otro y así tuvo dos muy claras. Un remate de Di María que se fue apenas ancho y otro de volea de Tevez que dio en la cara de Mertesacker. También hubo una entrada de Higuaín por la izquierda tapada por Neuer.
Parecía que llegaba el empate argentino pero la falta de lucidez y contundencia en los últimos metros fueron terminantes para Argentina. Ni Messi, ni Tevez, ni Higuaín, de muy flojo partido, lograron iluminarse a la hora de definir. Tampoco lo hizo Di María que tuvo un par de ocasiones. A esto hay que agregarle la muy buena tarde de Neuer, que se mostró siempre muy seguro y nunca dio rebote. Así estaba planteado el partido, para el empate argentino. Hasta que a los 22 minutos la defensa argentina volvió a quedar muy mal parada, Podolski entró solo por la izquierda y asistió a Klose, que solo en el área chica paró la pelota y tocó al gol. En el mejor momento de Argentina, cuando más dominaba y tenía la pelota, Alemania liquidaba el partido, o empezaba a hacerlo. Seis minutos después, Schweinsteiger, la figura del partido, armó un jugadón por la izquierda a la salida de un córner, dejó a tres argentinos en el camino, llegó casi hasta el área chica y tocó atrás para que Friedrich convirtiera el tercero. Entonces sí, asunto terminado.
Los minutos que quedaban fueron tristes. Argentina ya no tenía tiempo ni armas para remontar tres goles, nada más y nada menos que ante Alemania. Los germanos manejaron la pelota cuando la tuvieron y esperaron tranquilos cuando estaba en los pies de Argentina. Para colmo, sobre el final metieron el cuarto y redondearon una goleada histórica. La victoria alemana es justa y justificada, se la mire por donde se la mire. La contundencia es una virtud y Alemania la tuvo. Las desatenciones defensivas son un pecado y Argentina las pagó caro. La ineficacia ante el arco rival, lo mismo. Por eso ganó Alemania y lo hizo por la diferencia que lo hizo, más allá de que el trámite haya sido más parejo y que Argentina haya estado cerca del empate durante buena parte del partido. Así es el fútbol, así es la vida. A veces, unas cuantas, los sueños se rompen.
Síntesis
Argentina 0: Romero; Otamendi (ST 25' Pastore), Demichelis, Burdisso, Heinze; M. Rodríguez, Mascherano, Di María (ST 30' Agüero); Messi; Tevez y Higuaín. DT: Diego Maradona.
Alemania 4: Neuer; Lahm, Mertesacker, Friedrich, Boateng (ST 26' Jansen); Müller (ST 38' Trochowski), Khedira (ST 32' Kroos), Schweinsteiger, Podolski; Ozil y Klose. DT: Joachim Löw.
Estadio: Cape Town (Ciudad del Cabo). Arbitro: Ravshan Irmatov (Uzbequistan). Goles: PT 2' Müller; ST 22' Klose, 28' Friedrich, 44' Klose.
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