Con algunas emociones, poco fútbol y muchos nervios, River y Boca igualaron 1 a 1 y quedaron a mano en una nueva edición del superclásico del fútbol argentino. Marcelo Gallardo abrió la cuenta a los 29 minutos del primer tiempo con un gran tiro libre, ejecutado a la perfección por el jugador millonario, quien ya había marcado por la misma vía en el clásico anterior disputado en la Bombonera, y Martín Palermo empató a los 18 del segundo tiempo con un remate medido, abajo contra el palo.
River dominó gran parte del partido, sobre todo en el primer tiempo, donde Ariel Ortega tuvo la posibilidad de abrir el marcador por medio de un penal que al final fue contenido por Roberto Abbondanzieri. Sin embargo, al comenzar el complemento, CristianVillagra se fue expulsado por doble amonestación tras cometerle una dura infracción a Nicolás Gaitán. A partir de ahí, River adoptó una posición más conservadora y Boca se hizo de la posesión de la pelota, más allá de que también se quedó con 10 jugadores por la expulsión de Julio César Cáceres por un golpe contra Ortega.
Parecía que River tenía todo controlado porque más allá de haberse retrasado en el campo, Boca no lo inquietaba demasiado. Hasta que apareció Palermo, que casi no había tocado la pelota en todo el partido, y puso el 1 a 1. A partir de ahí, Boca dominó claramente, aunque tampoco generó demasiadas situaciones. River tuvo una en el pie zurdo de MatíasAbelairas, pero su remate se estrelló contra el palo.
Pasaron los minutos y el empate le quedó bien a los dos. Así, ninguno arriesgó de más, ninguno se equivocó y la igualdad, la número 57 del historial (61 triunfos de River, 67 de Boca), fue definitiva.
Síntesis
River 1: Vega; Ferrari, Cabral, Sánchez, Villagra; Domingo, Almeyda, Abelairas; Gallardo (ST 14' Coronel); Ortega (ST 32' Fabbiani) y Buonanotte (ST 41' M. Díaz). DT: LeonardoAstrada.
Las palabras de Maradona luego del partido frente a Uruguay no fueron agradables. Fueron groseras e innecesarias, impropias del director técnico de la Selección Argentina. Al mismo tiempo, no sorprende que Diego haya hecho lo que hizo. Él es así, díscolo, espontáneo, intrépido, agresivo. Al que le guste bien, y al que no, mala suerte.
Su reacción en caliente (en la cancha) y en semi caliente (en la conferencia de prensa) tiene, sin embargo, explicaciones: los ataques intempestivos de lo peor del periodismo y los medios. Por ejemplo, Jorge Rial, quien le había dicho cagón luego del partido ante Brasil, Mariano Grondona, ElioRossi, Eduardo Feinmann o José Sanfilippo, algunos que ni siquiera hablan de fútbol habitualmente. Maradona es un apellido italiano y Diego, un tipo pasional, que no se caracteriza por la reflexión y la mesura. Ante tanto ataque y ante la posibilidad de quedarse afuera del Mundial, Diego explotó y vomitó las sandeces consabidas en la conferencia de prensa, lo cuál, está dicho, no es agradable ni recomendable.
Ahora bien, una vez que Maradona comete este exabrupto, los medios y los personajes que lo integran se indignan, se ofenden y lo critican hipócritamente, cuando una barbaridad semejante dicha por el senador Carlos Reutemann no tuvo ni la mitad del tratamiento ni la condena que Maradona. Lo mismo pasó con Francisco De Narváez, que también dijo una barbaridad y poco se habló de él. DanielVila, dueño de América, se rasgó las vestiduras cuando en su canal se la pasan diciendo barbaridades y mostrando mujeres semi desnudas. ¿Desde dónde, entonces, se puede criticar con autoridad a Maradona? El que esté libre de malas palabras, que haga el primer descargo.
Tipos pensantes como VictorHugo Morales o Alejandro Dolina, dos cultores de la palabra y del buen hablar, podrían criticar a Maradona durante 10 horas seguidas. Sin embargo, no lo hacen, todo lo contrario. Acompañando este texto se encuentra el audio de las palabras vertidas por Dolina el lunes en su programa La venganza será terrible (lunes a viernes a las 0.00, por Radio 10). Allí Dolina le contesta a una oyente que lo interroga sobre los dichos de Maradona. La respuesta del Negro no tiene desperdicio. Por eso, los dejo con él, que habla y escribe mucho mejor que yo.
Intenté empezar esta crónica hablando de táctica, pero me fue imposible. El fútbol despierta pasiones insospechadas, que superan a la razón, que hacen que el análisis quede en un segundo plano. Primero, urge decir que el plantel argentino, es decir, jugadores y cuerpo técnico, consiguió el objetivo de clasificarse para el Mundial y al lograrlo, explotó, largó la bronca contenida y le demostró a todo el mundo que este equipo podrá jugar bien o mal, al ataque o a especular en exceso, pero desde hoy no se podrá decir que estos jugadores no sienten la camiseta o que vienen de compromiso. La intensidad, el desborde, los insultos y demás exabruptos que se vieron al final podrán ser cirticados si se quiere, pero a su vez dejan en claro que los protagonistas de esta historia se compenetraron con la causa en la cuál están inmersos y, parece, van a dejar mucho más que transpiración para defenderla, más allá de que jueguen bien o mal, con una idea de juego o sin planificación.
Argentina derrotó a Uruguay en el mítico Centenario sin crear una sola situación de gol. Lo ganó a fuerza de coraje, orden táctico, ímpetu para marcar, concentración, entrega al por mayor, esfuerzo, sangre. Sabía que el empate le servía y jugó con eso. Planteó el partido para que fuera de trámite lento, con pocos espacios. Al principio, Uruguay le generó algunos problemas por los costados, pero de a poco Argentina mejoró, se apoderó de la pelota y durmió el partido, con Verón como líder insoslayable, tanto para jugar, como para recuperar. La Bruja, tan denostado injustamente durante tantos años, fue la figura excluyente del partido, por su temple, su calidad y su compromiso para hacerse cargo del equipo. Así fue que Argentina aguantó el partido sin mayores sobresaltos, mas también sin llegar ni una sola vez al arco de Muslera. En ese contexto, con el 0 a 0 cada vez más firme, Maradona sacó a Di María y puso a Monzón (defensor por volante ofensivo) y un rato más tarde, Bolatti entró por Higuaín (volante por delantero), dejando a Messi solo arriba. Argentina se había enamorado definitivamente del empate, en una actitud extremadamente conservadora. Pero no menos cierto es que nunca bajó la intensidad de juego, que jugó el partido como lo que era, una final, con los dientes apretados, los ojos bien abiertos, a pierna firme, sin bajar la guardia. Jonás Gutiérrez fue uno de los abanderados en este aspecto y fue él quien generó la jugada del gol, recuperando una pelota, luchándola ante Cáceres, quien le cometió falta y se fue expulsado por doble amonestación. Messi jugó el tiro libre para Verón, éste remató al arco y tras un rebote, Bolatti definió abajo contra un palo. Quedaban seis minutos, Argentina ganaba 1 a 0 y Uruguay estaba con 10 jugadores.
Los uruguayos intentaron con algunos centros pero ya no tenían resto. El gol de Argentina liquidó a los celestes, que probablemente también sintieron el esfuerzo físico de haber jugado en la altura ante Ecuador. El poco tiempo que quedaba se consumió y Argentina se quedó con la victoria. Sin brillar, sin atacar siquiera, logró los tres puntos que le permiten llegar a Sudáfrica. Con turbulencias, con dudas, sin mostrar un línea definida de juego, Diego logró el objetivo de clasificarse y eso no es poco. El hombre asumió una empresa más que complicada, aceptó el que tal vez sea el puesto más difícil de la República Argentina, tal vez más que ser Presidente. Tomó a la Selección en franca decadencia y aunque no logró darle a la misma una fisonomía sólida, definida, en este último partido consiguió que los jugadores suplieran esa falta de entendimiento futbolístico con el temple y la personalidad que se necesitan para jugar en la Selección.
Por eso, más allá del análisis futbolístico, que marca que Argentina adolesce de fútbol, que ataca con jugadores aislados, en arrestos individuales y está lejos de producir lo que el hincha espera, también es justo decir que la pasión que jugadores y cuerpo técnico pusieron en Montevideo es una buena noticia. Más allá de que uno no comparta la escacez de la propuesta futbolística, el triunfo conseguido es motivo de alegría. Para todo auquel que alguna vez jugó al fútbol más o menos en serio, por puntos, por algo de plata; para todo aquel que en algún momento se entrenó para jugar en un nivel competitivo, donde los partidos se juegan con intensidad y al final a uno le duele todo. Para todos nosotros, Maradona es un tipo que significa mucho, porque amar al fútbol es amar a Maradona, la máxima expresión individual que este deporte ha dado en Argentina. Y esto no implica eximirlo de críticas, para nada. Pero el hecho emotivo que significa Maradona hace que para los que somos maradonianos, porque también hay muchos argentinos que lo detestan, por villero, por falopero, por maleducado, por grosero, por loco o por todo eso junto, para los que lo queremos, aunque a mí me gustaría que Argentina ataque con más gente, como hace Chile, que pone cuatro o cinco jugadores frente al arco rival en la misma jugada, ver a Diego ganador nos da placer y alegría, por más que después se desubique y les diga a los periodistas "que la chupen".
Con todas sus carencias, miserias y contradicciones, Diego es del pueblo futbolero. Está aprendiendo como es esto de ser técnico con la Selección. Es probable que el hombre no esté preparado, que le falte conocimiento, que no tenga las características que un líder debe tener para estar al frente de semejante situación. Ni siquiera se recibió de técnico, no hizo el curso, le regalaron el título. Más allá de que junto a Carlos Fren dirigió a Mandiyú y a Racing a mediados de los 90, esta es la primera experiencia de Maradona como técnico. Por lo tanto, debe haber muchas situaciones que se le escapan, en lo táctico, en lo técnico, en el manejo del grupo. Por otro lado, hay varios aspectos de Diego que son dignos de ser destacados. El tipo literalmente volvió de la muerte, superó una terrible adicción que lo aquejó durante más de 20 años y se lo ve con fuerza y con ganas para salir adelante. Eso es un mérito que hay que reconocerle. Es un luchador y no va darse por vencido así nomás.
Argentina llegó al Mundial. Maradoná se lo dedicó a los periodistas que más lo criticaron, primero en el campo de juego, con toda la adrenalina a flor de piel y abrazado a Bilardo, y después en la conferencia de prensa, ya más tranquilo. Así es Diego, para nada diplomático, totalmente grosero. No es lo que uno espera del líder de un grupo. Se sabe que así es y no sorprende. Habrá que ver si de acá en más, ya sin la presión de conseguir resultados, la Selección organiza mejor su funcionamiento, sin tantos dimes y diretes, con un cuerpo técnico en el que Maradona pueda confiar plenamente y que a su vez le aporte los conocimientos que a Diego le faltan. Y será importante que Diego crezca, madure como técnico, clarifique su mente para encontrar los jugadores adecuados y armar el mejor equipo posible de cara al Mundial, competencia que él disputó en cuatro ocasiones, experiencia que probablemente le sirva de algo. Más allá de sus limitaciones, algo del tema (fútbol, Selección, mundiales)debe entender. Por eso, mas allá de la exageración de algunos que creen que es Dios, guardarle alguna esperanza, creer en él, no está de más. El tipo obra milagros. Sobre todo, cuando nadie lo espera.
Síntesis
Uruguay 0: Muslera, Scotti, Lugano, Cáceres; M. Pereira, D. Pérez, Gargano (ST 25' C. Rodríguez), J. Rodríguez (ST 14' Cavani), A. Pereira; Forlán y Suárez (ST 32' Abreu). DT: Oscar Tabárez.
Argentina 1: Romero; Otamendi, Schiavi, Demichelis, Heinze; J. Gutiérrez, Mascherano, Verón, Di María (ST 30' Monzón); Messi (ST 42' Tevez) e Higuaín (ST 35' Bolatti). DT: Diego Maradona.
Cancha: Centenario. Arbitro: Carlos Amarilla. Gol: ST 39' Bolatti. Amonestados: Heinze, Pérez, Otamendi, M. Pereira, Cáceres, Scotti y Romero. Expulsado: ST 37' Cáceres.
Argentina volvió a jugar mal, volvió a dejar infinidad de dudas y volvió a preocupar a todos. Un milagro llamado Martín Palermo le permitió llegar a la victoria en tiempo adicionado, cuando el empate conseguido por Perú dos minutos antes parecía inamovible. Luego de un primer tiempo aceptable, en el que Argentina controló la pelota, tuvo por lo menos cinco situaciones de gol y Sergio Romero fue un espectador de lujo, el segundo tiempo de la Selección fue tétrico, calamitoso. En la primera jugada, Perú sorprendió con un córner jugado a la medialuna, desde donde Juan Vargas remató de volea, obligando a Romero a mandar la pelota otra vez al córner, en una acción que el conjunto incaico ya había hecho en el partido ante Uruguay, hace un mes. Sin embargo, a los dos minutos, Gonzalo Higuaín puso el 1 a 0 tras un gran pase de Pablo Aimar, de aceptable partido. Todo el mundo pensó que el partido se iba a encaminar a favor de Argentina, que se iba a serenar y, por lo menos, asegurar el resultado con algún gol más, ya sin la presión de tener que ir a buscar con urgencia la victoria. Sin embargo, nada de esto pasó. Luego del gol, Argentina jugó cada vez peor, con menos convicción y menos claridad que antes, deseando que el partido terminara de inmediato.
Maradona puso a Martín Demichelis por Jonás Gutiérrez, para tratar de armar mejor la defensa, ya que Perú se venía y había empezado a convertir en figura a Romero. Luego, Federico Insúa reemplazó a Aimar. Pero Argentina nunca mejoró. Cuando tenía la pelota tocaba intrascendentemente hasta perderla, ya sea por falta de profundidad o por tocar hacia atrás hasta obligar a los centrales o al arquero a rechazar con un pelotazo sin destino. Así pasó todo el segundo tiempo, con Argentina desorientada, perdidad, y Perú yendo hacia adelante y generando varias situaciones de riesgo.
Llegó el minuto 45. Perú, ya con un vendabal de lluvia sobre el estadio Monumental, fue una vez más, ante la espantosa pasividad de Argentina. Javier Mascherano, que había hecho un buen partido, tiró un taco inentendible e inexplicable sobre la raya de fondo. Vino un centro más sobre el área argentina y el gol de cabeza de Hernán Rengifo. El cielo y el mundo se venían abajo. En ese momento, Argentina quedaba quinta, un punto por debajo de Ecuador y uno arriba de Uruguay, que empataban 1 a 1 en Quito. Con el alma hecha trizas había que ir a jugar a Montevideo. El panorama era desolador.
Entonces sucedió el milagro. Argentina fue por la hazaña. Tras el córner de Federico Insúa, vino el centro de Angel Di María, el remate otra vez de Insúa y el gol, en off side, del increíble Palermo, predestinado a hacer goles importantes. Así, con una jugada fortuita, en tiempo adicionado y tras haber jugado los peores 45 minutos desde el 0-5 con Colombia en el 93, Argentina le ganó a Perú, el peor equipo de las Eliminatorias, el que perdió todos los partidos de visitante, con hasta ayer 2 goles a favor y 24 en contra en esa condición.
Luego de siete partidos por Eliminatorias (3 victorias y 4 derrotas), más 5 amistosos, el ciclo de Maradona al frente de la Selección es un sinfín de dudas y inconsistencias. No hay un equipo, ni una idea de juego definida. Algunas decisiones parecen acertadas, como las inclusiones de Romero, Higuaín y Palermo. Otras son difíciles de entender, como la ausencia de marcadores de punta derechos en esta convocatoria. Diego es un técnico que no es tal: no tiene experiencia, ni preparación, ni siquiera tiene el título. Está aprendiendo a los golpes y sin margen de error. A su vez tiene que lidiar con Julio Grondona, tal vez el mayor responsable de este momento acuciante, y Carlos Bilardo, que no lo ayudan, todo lo contrario, le embarran la cancha. Ante este panorama de falta de liderazgo claro, donde Maradona dice una cosa y Bilardo otra, donde el cuerpo técnico está conformado a medias, con un técnico que tiene más dudas que certezas y cambia constantemente de esquema y de jugadores, es lógico que los futbolistas tengan un rendimiento pobre. Ahora bien, también es cierto, que los jugadores, tampoco sacan a relucir la estirpe que se espera de futbolistas que juegan en los mejores equipos del mundo, dignos de vestir la camiseta de Argentina.
Así está Argentina hoy. El miércoles en Montevideo se juega ante Uruguay la chance de ir al Mundial. Tal vez, este triunfo milagroso ante Perú les dé el empujón anímico que necesitan para sacar adelante una situación harto complicada. El destino parece haberles hecho un guiño. Ojalá lo aprovechen.
Síntesis
Argentina 2: Sergio Romero; Jonás Gutiérrez, Rolando Schiavi, Gabriel Heinze, Emiliano Insúa; Enzo Pérez (ST Martín Palermo), Javier Mascherano, Ángel Di María, Pablo Aimar (ST 31' Federico Insúa), Lionel Messi y Gonzalo Higuaín (ST 23' Martín Demichelis). DT: Diego Maradona.
Perú 1: Leao Butrón, Amilton Prado, Carlos Zambrano, Walter Vilchez, Alberto Rodriguez, Josepmir Ballón, Rainer Torres, Nolberto Solano (ST 20' Roberto Palacios), Juan Vargas, Luis Ramírez y Johan Fano (ST 27' Hernán Rengifo).
Cancha: Monumental. Arbitro: René Ortubé (Bolivia). Goles: ST 2' Higuaín, 45' Rengifo, 47' Palermo.
Nací en Lanús, Provincia de Buenos Aires, Argentina, el 17 de enero de 1981. Estudié Ciencias de la Comunicación en la UBA y en Lindenwood University, Missouri, EE.UU. Recibí el diploma de periodista deportivo en Deportea en diciembre de 2004. Trabajé en Clarín entre abril de 2004 y septiembre de 2005, y soy productor de ESPN+ desde noviembre de 2005.