miércoles, 14 de octubre de 2009

Eliminatorias 2010 - Uruguay 0 Argentina 1

Adentro


Intenté empezar esta crónica hablando de táctica, pero me fue imposible. El fútbol despierta pasiones insospechadas, que superan a la razón, que hacen que el análisis quede en un segundo plano. Primero, urge decir que el plantel argentino, es decir, jugadores
y cuerpo técnico, consiguió el objetivo de clasificarse para el Mundial y al lograrlo, explotó, largó la bronca contenida y le demostró a todo el mundo que este equipo podrá jugar bien o mal, al ataque o a especular en exceso, pero desde hoy no se podrá decir que estos jugadores no sienten la camiseta o que vienen de compromiso. La intensidad, el desborde, los insultos y demás exabruptos que se vieron al final podrán ser cirticados si se quiere, pero a su vez dejan en claro que los protagonistas de esta historia se compenetraron con la causa en la cuál están inmersos y, parece, van a dejar mucho más que transpiración para defenderla, más allá de que jueguen bien o mal, con una idea de juego o sin planificación.

Argentina derrotó a Uruguay en el mítico Centenario sin crear una sola situación de gol. Lo ganó a fuerza de coraje, orden táctico, ímpetu para marcar, concentración, entrega al por mayor, esfuerzo, sangre. Sabía que el empate le servía y jugó con eso. Planteó el partido para que fuera de trámite lento, con pocos espacios. Al principio, Uruguay le generó algunos problemas por los costados, pero de a poco Argentina mejoró, se apoderó de la pelota y durmió el partido, con Verón como líder insoslayable, tanto para jugar, como para recuperar. La Bruja, tan denostado injustamente durante tantos años, fue la figura excluyente del partido, por su temple, su calidad y su compromiso para hacerse cargo del equipo. Así fue que Argentina aguantó el partido sin mayores sobresaltos, mas también sin llegar ni una sola vez al arco de Muslera. En ese contexto, con el 0 a 0 cada vez más firme, Maradona sacó a Di María y puso a Monzón (defensor por volante ofensivo) y un rato más tarde, Bolatti entró por Higuaín (volante por delantero), dejando a Messi solo arriba. Argentina se había enamorado definitivamente del empate, en una actitud extremadamente conservadora. Pero no menos cierto es que nunca bajó la intensidad de juego, que jugó el partido como lo que era, una final, con los dientes apretados, los ojos bien abiertos, a pierna firme, sin bajar la guardia. Jonás Gutiérrez fue uno de los abanderados en este aspecto y fue él quien generó la jugada del gol, recuperando una pelota, luchándola ante Cáceres, quien le cometió falta y se fue expulsado por doble amonestación. Messi jugó el tiro libre para Verón, éste remató al arco y tras un rebote, Bolatti definió abajo contra un palo. Quedaban seis minutos, Argentina ganaba 1 a 0 y Uruguay estaba con 10 jugadores.

Los uruguayos intentaron con algunos centros pero ya no tenían resto. El gol de Argentina liquidó a los celestes, que probablemente también sintieron el esfuerzo físico de haber jugado en la altura ante Ecuador. El poco tiempo que quedaba se consumió y Argentina se quedó con la victoria. Sin brillar, sin atacar siquiera, logró los tres puntos que le permiten llegar a Sudáfrica. Con turbulencias, con dudas, sin mostrar un línea definida de juego, Diego logró el objetivo de clasificarse y eso no es poco. El hombre asumió una empresa más que complicada, aceptó el que tal vez sea el puesto más difícil de la República Argentina, tal vez más que ser Presidente. Tomó a la Selección en franca decadencia y aunque no logró darle a la misma una fisonomía sólida, definida, en este último partido consiguió que los jugadores suplieran esa falta de entendimiento futbolístico con el temple y la personalidad que se necesitan para jugar en la Selección.

Por eso, más allá del análisis futbolístico, que marca que Argentina adolesce de fútbol, que ataca con jugadores aislados, en arrestos individuales y está lejos de producir lo que el hincha espera, también es justo decir que la pasión que jugadores y cuerpo técnico pusieron en Montevideo es una buena noticia. Más allá de que uno no comparta la escacez de la propuesta futbolística, el triunfo conseguido es motivo de alegría. Para todo aquel que alguna vez jugó al fútbol más o menos en serio, por puntos, por algo de plata; para todo aquel que en algún momento se entrenó para jugar en un nivel competitivo, donde los partidos se juegan con intensidad y al final a uno le duele todo. Para todos nosotros, Maradona es un tipo que significa mucho, porque amar al fútbol es amar a Maradona, la máxima expresión individual que este deporte ha dado en Argentina. Y esto no implica eximirlo de críticas, para nada. Pero el hecho emotivo que significa Maradona hace que para los que somos maradonianos, porque también hay muchos argentinos que lo detestan, por villero, por falopero, por maleducado, por grosero, por loco o por todo eso junto, para los que lo queremos, aunque a mí me gustaría que Argentina ataque con más gente, como hace Chile, que pone cuatro o cinco jugadores frente al arco rival en la misma jugada, ver a Diego ganador nos da placer y alegría, por más que después se desubique y les diga a los periodistas "que la chupen".

Con todas sus carencias, miserias y contradicciones, Diego es del pueblo futbolero. Está aprendiendo como es esto de ser técnico con la Selección. Es probable que el hombre no esté preparado, que le falte conocimiento, que no tenga las características que un líder debe tener para estar al frente de semejante situación. Ni siquiera se recibió de técnico, no hizo el curso, le regalaron el título. Más allá de que junto a Carlos Fren dirigió a Mandiyú y a Racing a mediados de los 90, esta es la primera experiencia de Maradona como entrenador. Por lo tanto, debe haber muchas situaciones que se le escapan, en lo táctico, en lo técnico, en el manejo del grupo. Por otro lado, hay varios aspectos de Diego que son dignos de ser destacados. El tipo literalmente volvió de la muerte, superó una terrible adicción que lo aquejó durante más de 20 años y se lo ve con fuerza y con ganas para salir adelante. Eso es un mérito que hay que reconocerle. Es un luchador y no va a darse por vencido así nomás.

Argentina llegó al Mundial. Maradoná se lo dedicó a los periodistas que más lo criticaron, primero en el campo de juego, con toda la adrenalina a flor de piel y abrazado a Bilardo, y después en la conferencia de prensa, ya más tranquilo. Así es Diego, para nada diplomático, totalmente grosero. No es lo que uno espera del líder de un grupo. Se sabe que así es y no sorprende. Habrá que ver si de acá en más, ya sin la presión de conseguir resultados, la Selección organiza mejor su funcionamiento, sin tantos dimes y diretes, con un cuerpo técnico en el que Maradona pueda confiar plenamente y que a su vez le aporte los conocimientos que a Diego le faltan. Y será importante que Diego crezca, madure como técnico, clarifique su mente para encontrar los jugadores adecuados y armar el mejor equipo posible de cara al Mundial, competencia que él disputó en cuatro ocasiones, experiencia que probablemente le sirva de algo. Más allá de sus limitaciones, algo del tema (fútbol, Selección, mundiales) debe entender. Por eso, mas allá de la exageración de algunos que creen que es Dios, guardarle alguna esperanza, creer en él, no está de más. El tipo obra milagros. Sobre todo, cuando nadie lo espera.


Síntesis



Uruguay 0: Muslera, Scotti, Lugano, Cáceres; M. Pereira, D. Pérez, Gargano (ST 25' C. Rodríguez), J. Rodríguez (ST 14' Cavani), A. Pereira; Forlán y Suárez (ST 32' Abreu). DT: Oscar Tabárez.



Argentina 1: Romero; Otamendi, Schiavi, Demichelis, Heinze; J. Gutiérrez, Mascherano, Verón, Di María (ST 30' Monzón); Messi (ST 42' Tevez) e Higuaín (ST 35' Bolatti). DT: Diego Maradona.



Cancha: Centenario. Arbitro: Carlos Amarilla. Gol: ST 39' Bolatti. Amonestados: Heinze, Pérez, Otamendi, M. Pereira, Cáceres, Scotti y Romero. Expulsado: ST 37' Cáceres.