Lionel Messi no tiene hinchas en la Argentina. O mejor dicho, tiene pocos hinchas. Muy pocos, diría. Son muchas las voces que se alzan contra el jugador del Barcelona, lugar donde residen sus verdaderos hinchas, los que lo quieren y lo idolatran. En Argentina, Messi tiene exigencias y críticas, y pocos elogios. El problema no es Messi y sus carencias, que las tiene, sino el lugar en el que lo ponen sus detractores, tanto hinchas como periodistas, o la gente que trabaja de eso, sin mucha capacidad de reflexión ni de análisis.
Para algunos, Messi es el nuevo Maradona. Ese es el primer error que cometen. Maradona hubo uno sólo y no habrá otro igual. Messi es un gran jugador, con algunas características parecidas a las de Diego, pero lejos está de ser lo mismo. Maradona tenía más visión de juego, hacía jugar más a sus compañeros y sabía cuando largar la pelota y cuando seguir con ella. Messi también es un genio, sin embargo está algunos escalones más abajo que Maradona. Messi es habilidoso y desequilibrante. Se saca gente de encima con mucha facilidad, llega al gol y también genera jugadas de peligro para que la culminen sus compañeros. Sin embargo, a veces se pierde en su afán por gambetear rivales y termina chocando contra los defensores o perdiendo la pelota ya sin resto para seguir. Messi no es Maradona, pero se le exige como si lo fuera.
Otro de los reclamos que surgen al ver a Messi en la Selección, es que no juega como lo hace en el Barcelona, que no rinde como en el equipo español. Mientras en el Barcelona Lionel desparrama rivales sind espeinarse, hace goles antológicos a granel y le hace hacer goles a sus compañeros, en la Selección su rendimiento merma notablemente. Y entonces viene el fácil reproche de que no siente la camiseta argentina o de que juega por la plata. Reproche, fácil, torpe e injusto, tanto como el anterior de pedirle que sea el salvador de la patria. En su club, Messi juega con sus compañeros todas las semanas, sabe los movimientos que ellos hacen y ellos saben los movimientos que Messi genera. En el Barça, Lionel cuenta con jugadores de gran nivel como Iniesta, Xavi, Henry y en su momento Eto'o, que le generan opciones y espacios para que el argentino despliegue todo su fútbol. Además, el Barcelona es un equipo con funcionamiento e identidad, que sabe a qué juega, que desgasta a sus rivales y los supera ampliamente. Nada de todo esto sucede en la Selección. Argentina no tiene fucionamiento colectivo, los jugadores se juntan pocos días antes de los partidos y no tienen tiempo suficiente para entrenarse ni para planificar los partidos. Por lo tanto, es lógico que el rendimiento de Messi sea inferior al que tiene en su club, donde además lo miman y lo idolatran, a diferencia de la Selección, donde se le exige más de la cuenta.
Messi no es Maradona y tampoco se puede pretender que juegue en la Selección como juega en el Barcelona. Es verdad que Lionel puede dar más de lo que ha dado hasta hora con la camiseta celeste y blanca. Sin embargo, la exigencia que se le impone y las críticas que se le hacen, muchas veces, son desmedidas. Si comparamos a Messi con la perfección siempre va a salir perdiendo. Hay que darle tiempo para que madure, para que Argentina crezca como equipo. Entonces, tal vez, las críticas queden de lado y los mismos que hoy lo matan, serán los primeros en santificarlo. Mientras tanto, habrá que seguir tolerando impertinencias y despropósitos, producto de la falta de inteligencia o de la mala intención.
Nosotros, ese impulso
Hace 4 horas
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