
A diferencia del básquet, donde hay simples, dobles y triples, en el fútbol todos los goles valen uno. Tanto de adentro como de afuera del área, de penal, de jugada o de tiro libre, de cabeza o de chilena, siempre se suma de a uno. ¿Por qué, entonces, a la hora de desempatar una serie, los goles convertidos de visitante tienen más valor? ¿De visitante se juega con menos jugadores que el rival? ¿El arco del contrario tiene menos metros? ¿Los locales juegan con dos arqueros?
Tanto en la Champions League y desde hace unos años también en la Copa Libertadores, las series eliminatorias que terminan empatadas en puntos y en goles se definen por la cantidad de goles convertidos en cancha ajena. Así se definió, por ejemplo, la semifinal del otro día entre Chelsea y Barcelona. Tras dos partidos muy cerrados, el Barsa empató sobre la hora en el choque de vuelta en Londres y accedió a la final ante el Manchester, sin más méritos que ése: hacer un gol en casa ajena.
Una situación muy paradójica se dio en la Champions League del año 2003. También por las semifinales, se enfrentaron Inter y Milan, que a la postre sería el campeón. Sabido es que ambos equipos son de la misma ciudad y juegan en el mismo estadio, el San Ciro. En la ida fue local el Milan y el partido terminó 0 a 0. En la vuelta, en el mismo campo, el local fue el Inter y con el empate 1 a 1, el pasaje a la final fue para los rojinegros. Es decir, luego de no sacarse ventajas tras 180 minutos disputados en el mismo lugar, el que se clasificó fue el Milan gracias al extraordinario mérito de haber convertido un gol de visitante.
Además de evitar los penales, la regla, supuestamente, favorecería un juego más abierto, sin tanta especulación y haría que los equipos salgan a atacar cuando juegan de visitante. Sin embargo, esto no es siempre así. Es más, suele suceder lo opuesto: los que juegan de local tratan de cuidar el cero en su propio arco, sacar una ventaja sin recibir tantos y después, en la revancha, se defienden sin tapujos porque saben que con un gol liquidan la serie. Esto pasó en la otra semifinal de la Champions, entre Arsenal y Manchester. En la ida, el último campeón había jugado de local y ganado 1 a 0. En la revancha en Londres, Manchester planteó un partido cerrado, de contraataque. A los 11 minutos ya ganaba 2 a 0 y la serie estaba liquidada: Arsenal tenía que meter cuatro goles para clasificarse.
Algunos prefieren esta forma de definición antes que los penales. Sin embargo, las definiciones desde los doce pasos, que también deparan muchas injusticias, requieren de personalidad y capacidad técnica tanto para patear como para atajar. Otra forma de desempatar podría ser arrastrar los puntos obtenidos en las respectivas zonas y que se clasifique el que haya sumado más puntos. Sería más justo que definir un partido luego de una serie de penales o por el lugar geográfico donde se convierten los goles. Porque en Barracas, Japón o Londres, los goles siempre valen uno. La alternativa está planteada, la discusión está abierta. Se escuchan ofertas.
0 gritos de gol:
Publicar un comentario en la entrada