miércoles, 6 de mayo de 2009

Champions League - Chelsea 1 Barcelona 1


Con el último aliento


Una vez más, el fútbol nos regaló un partido memorable. En este caso no fue un espectáculo vistoso, lucido. Fue más bien un duelo de estilos, de estrategias y de tácticas, en el que el equipo que había hecho las cosas mejor se quedó sin nada y el que parecía perdido e impotente se llevó el boleto a la gran final ante el Manchester, el próximo 27 de mayo, en el Olímpico de Roma.


En el partido de ida, Chelsea ya había planteado un partido cerrado, con mucha gente de la mitad de la cancha hacia atrás. En el Camp Nou, el Barça tuvo el control de la pelota y creó situaciones pero falló en la definición. En el encuentro de hoy, los de azul repitieron el esquema y la estrategia: dos líneas de cuatro más Anelka, todos bien pegados con el objetivo de tapar espacios e impedir el circuito de juego del Barcelona. Por cada jugador del equipo culé había tres del Chelsea.


Con este esquema salió a jugar el equipo de Hiddink, que a los nueve minutos ya ganaba 1 a 0 por un terrible golazo del ghanés Essien. Desde afuera del área y con su botín zurdo, el Búfalo empalmó una pelota de volea, la clavó en el ángulo y dejó sin chances a Víctor Valdez, que voló en vano.


Con la ventaja para el Chelsea, el trámite del partido se acentuó. Los locales siguieron bien parados, cerrando todos los caminos, marcando a conciencia, con limpieza y eficacia. Messi nunca tuvo espacios, siempre recibió con un tipo encima y lo mismo le ocurría a Iniesta.


Las mejores ocasiones fueron para el Chelsea, que tuvo dos penales a favor no cobrados por el árbitro noruego Tom Henning Ovrebo. El primero fue en la tapa inicial por falta de Dani Alves sobre Malouda, infracción que el juez sancionó afuera del área; y el segundo, en el complemento, por una clara mano de Piqué que el colegiado ignoró.


Los minutos pasaron y el Barcelona nunca encontró alternativas. Messi brilló por su ausencia en largos pasajes del partido, sin siquiera tocar la pelota. Encima, el panorama se complicó todavía más con la expulsión de Abidal a los 21 minutos del complemento por una falta sobre Anelka, en el borde del área.


Barcelona siguió intentando pero sin ideas ni claridad. Chelsea le había cerrado todos los caminos y amenzaba con liquidar el partido en alguna contra. De hecho tuvo varias ocasiones desperdiciadas. Por la firmeza e inteligencia del local y la inexpresividad y falta de respuestas del visitante, el 1 a 0 estaba bien, era justo e indiscutible, más allá de la molestia de algunos comentaristas por el planteo "amarrete" del Chelsea. Sin embargo, el fútbol es así: tan imprevisible como fascinante. En el segundo minuto de adición, Dani Alves, que había tirado mil pelotas a cualquier lado, mandó un centro pasado. Eto'o la bajó pero se le fue; Essien le pifió y Messi, con mucha lucidez, tocó para Iniesta que desde el borde del área sacó un derechazo alto, inatajable para Cech, que terminó el partido sin atajar ninguna pelota. Después del gol, quedó tiempo para un embate más del Chelsea, en el que un disparo de Ballack pegó en el hombro de Eto'o, en una jugada muy discutible. Siga, siga, dijo el árbitro.
Fue empate y pase a la final para el Barcelona, que no fue mejor que el Chelsea en este partido pero sí había hecho más meritos a lo largo de la Copa. Tal vez el destino le haya hecho un guiño a uno de los mejores equipos del mundo. El otro, el Manchester, lo espera en Roma.