
Pastore: elegancia y fútbol
Los goles
Es flaco, alto y desgarbado. De piernas largas, cuando decide pisar la pelota y cubrirla con el cuerpo, es casi imposible sacársela. Le gusta la redonda. Le gusta tratarla bien, tenerla, sentirla en los pies, correr con ella y esquivar rivales. Le gusta tocarla, prestársela a un compañero y buscar un espacio para ir a su reencuentro. También le gusta impactarla de lleno, darle un buen envión y hacerla volar, majestuosa, hacia la red del arco rival, como en el primer gol ante River. O hacerla pasar entre las piernas de un contrario, enfrentar al arquero, amagar y definir a un costado, con maestría y clase, como en el tercer tanto ante River.
A Javier Pastore le gusta la pelota, le gustar jugar a la pelota. Y también le gusta jugar al fútbol, que parece ser lo mismo que jugar a la pelota, pero no lo es. Cuando Pastore emplea su habilidad con un sentido, para que una jugada progrese y no porque sí, entonces juega al fútbol y lo hace como los dioses, como lo hizo ante River. A veces, porque su capacidad se lo permite, abusa de los firuletes y pierde pelotas a las que podría darle mejor destino, como le pasó ante Estudiantes la semana pasada, cuando se encontró ante un rival duro, siempre bien parado, y su influencia mermó. Más allá de este último detalle, lo de Pastore en este campeonato es superlativo y su rendimiento ante River fue brillante. Él, Defederico y Bolatti son los tres puntos más altos de un equipo que juega un fútbol vistoso, elegante, a puro toque. Con 27 goles en haber, Huracán es el equipo con más goles a favor en el campeonato y, vaya paradoja, su principal déficit es la impericia para definir, esa que le costó, por ejemplo, la derrota ante Independiente, en un partido que el Globo peloteó a su rival de principio a fin.
Con el toque como máxima premisa, Huracán está edificando una campaña histórica y vuelve a pelear un campeonato después de 15 años. La última vez que lo había hecho fue en el Clausura 94, cuando fue segundo detrás de Independiente tras perder ante el Rojo por 4 a 0 en Avellaneda. Ante River, el Globo dio una exhibición de fútbol, un espectáculo encantador; fue un regalo sublime para todos los ojos y las almas futboleras, más allá de que sean o no hinchas de Huracán.
Ante el desorientado River, aunque todo Huracán jugó bien, el mejor jugador quemero fue Pastore. El cordobés simplemente fue el abanderado de un equipo que está en estado de gracia, juega un fútbol divino y regala disfrute a propios y extraños. Más allá del desenlace de esta historia, de la posición final de Huracán en el campeonato y demás, estas tardes de gloria quedarán para siempre en el recuerdo de todos. El tiempo dirá si Pastore y este Huracán serán recordados sólo por algunas tardes de gran fútbol o si también formarán parte de los libros de historia del fútbol argentino.
1 gritos de gol:
Cómo recuerdo este partido, mi Dios. Uno de los mejores, sino el mejor, que vi jugar en le fútbol Argentino... El fútbol debe sentirse orgulloso, porque cada tanto se dan estas situaciones que maravillan a propios y extraños...
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